Mientras escribo escucho el nuevo disco de Radiohead. Pensé que habían dejado de tocar juntos cuando salió el disco de Thom Yorke en solitario, pero al parecer una cosa no implica la otra. Bajé el disco de la red. Pero a diferencia de otros que tengo, pagué por este. Y pagué feliz.
En el sitio del disco nuevo (inrainbows.com), después de una operación un poco engorrosa que incluye un registro y aceptar en el “terms and conditions” que me manden un poco de spam, elijo cuanto quiero pagar por el disco. Tal cual. Pagué 5 libras. Supongo que podría haber pagado 0, nada, pero decidí desembolsar más o menos lo mismo que saldría en iTunes Music Store si existiera para Chile.
La gran diferencia es que esta plata se va directo al bolsillo de Radiohead. En un disco normal aproximadamente un 12% del total de la venta se va al artista. Un 4% se va al compositor, en este caso, si no me equivoco, también a Radiohead (acá los datos).
Hay argumentos asociados a los costos de marketing, adelantos, y otros factores que hacen comprensible el modelo actual de grandes disqueras que se llevan gran parte de la torta de la venta de los discos, pero cuando una banda de la talla de Radiohead decide dejar de lado ese sistema, algo grande está pasando. Después de años de batallas judiciales en Estados Unidos de las disqueras contra los fans, los músicos se están dando cuenta de que en vez de proteger sus intereses la RIAA en realidad protege los propios. Su modelo de intermediarios se desarma y al parecer no hay nada que hacer. El intercambio de archivos en redes P2P no ha parado y haber derrotado a Napster hizo nacer muchas nuevas y mejores maneras de intercambiar música, películas, libros y casi cualquier cosa.
Y mucha gente quiere pagar por la música. Las ventas de CD’s han caído, pero la venta online de archivos descargables sube y sube.
Falta ponerse al día, nada más. Con un empujón de gigantes, como Radiohead.
Bye Bye RIAA.
